Junto al recinto amurallado se alza uno de los edificios más emblemáticos de Palma del Río: el Alcázar Palacio de Portocarrero. Construido a comienzos del siglo XVI tras el desmantelamiento del antiguo castillo medieval, este palacio marcó el paso de la residencia fortificada a la residencia señorial.
El Alcázar Palacio de Portocarrero se construyó de nueva planta a comienzos del siglo XVI, hacia 1505-1506, tras el desmantelamiento del antiguo castillo o alcazaba medieval, que había sido residencia de los señores de la Villa.
Con este cambio, la antigua residencia fortificada dio paso a un palacio señorial, consolidado en el siglo XVI como residencia oficial de la familia Bocanegra y Portocarrero. Su estilo responde al Renacimiento sobrio, con pinceladas mudéjares propias de la arquitectura andaluza de la época.
Sus patios, estancias nobles y jardines hispano-mudéjares permiten entender cómo el poder dejó de expresarse solo desde la defensa para hacerlo también desde la representación, el prestigio y la vida palaciega.
Este lugar ayuda a entender un cambio importante en la historia de la Villa. Durante siglos, el poder necesitó murallas, torres y espacios preparados para resistir. Pero a comienzos del siglo XVI, esa necesidad empezó a transformarse.
El antiguo castillo desaparece y, en su lugar, surge un palacio abierto hacia patios, jardines y espacios de representación. La amenaza exterior pierde protagonismo y el poder comienza a expresarse de otra manera: ya no desde la defensa constante, sino desde la estabilidad, el control del territorio y la capacidad de proyectar prestigio.
La muralla sigue ahí, muy cerca, recordando el origen defensivo del lugar. Pero el edificio habla ya otro lenguaje.
Este punto muestra cómo las ciudades históricas no permanecen inmóviles.
Sus espacios cambian cuando cambia la forma de vivir el poder.
Sus jardines hispano-mudéjares reúnen numerosas variedades de cítricos, convirtiendo el palacio en un auténtico Museo Vivo de la Naranja.
Imaginad que este palacio estaba habitado hace siglos.
¿Qué espacio elegiríais para pasar el día: un patio, un salón o el jardín? Los palacios no eran solo bonitos: también eran casas llenas de vida.