Tras atravesar la muralla y descubrir los restos de la antigua Alcazaba, el espacio cambia.
Aquí ya no hay muros que se eleven ni torres que vigilen. Hay jardín.
Los Jardines de la Alcazaba ocupan el espacio donde se encontraba la antigua fortaleza. Hoy, este lugar se ha transformado en una zona de paseo que combina historia y naturaleza.
Aquí se desarrolla una colección de más de cuarenta variedades de cítricos, representando el fruto más ligado a la identidad de Palma del Río: la naranja. Este espacio funciona como una pequeña zona de interpretación agrícola, donde cada árbol muestra una variedad diferente.
La relación de la ciudad con los cítricos es histórica. A comienzos del siglo XVI, desde Palma del Río se trasladaron naranjos hasta Granada para ser plantados en la Alhambra. Un gesto que habla del valor y la calidad de estos cultivos.
Este punto del recorrido invita a hacer una pausa. A mirar, a oler, a reconocer que la historia de la Villa no solo se construye con piedra. También se cultiva.
Este lugar ayuda a entender cómo cambia una ciudad cuando deja de vivir en permanente estado defensivo.
Aquí estuvo la Alcazaba, el núcleo militar más importante del recinto. Un espacio cerrado, estratégico, pensado para controlar y resistir.
Hoy, ese mismo lugar se abre como jardín.
Aunque las estructuras han desaparecido en gran parte, el trazado sigue condicionando el espacio. El jardín no es completamente libre: se adapta a lo que hubo antes.
Este punto muestra una idea clave en la evolución urbana:
los espacios defensivos, cuando dejan de ser necesarios, no desaparecen del todo… se transforman.
Los naranjos. Palma del Río está históricamente ligada al cultivo de cítricos. Incluso a comienzos del siglo XVI se llevaron naranjos desde aquí hasta Granada para plantarlos en la Alhambra.