Junto a las antiguas Caballerizas y uno de los tramos restaurados de muralla aparece la llamada Torre de la Escalera. Puede parecer un elemento secundario dentro del recorrido, pero ayuda a entender algo importante: la muralla no era solo un límite exterior, sino una estructura recorrida, vigilada y transformada continuamente.
La Torre de la Escalera es uno de esos lugares donde la arquitectura defensiva se entiende mejor desde cerca. Situada junto a las antiguas Caballerizas y conectada al trazado de la muralla, esta torre permite descubrir cómo funcionaba realmente el sistema defensivo de la Villa.
A diferencia de una visión lejana de la muralla como un gran muro continuo, aquí aparecen detalles que hablan de uso cotidiano, circulación y vigilancia. La torre presenta una estructura sólida y compacta hasta la altura del adarve, el camino superior por donde se desplazaban quienes defendían la ciudad.
En la parte alta se conserva un pequeño habitáculo abovedado construido con módulos de tapia, probablemente utilizado como cuerpo de guardia. Desde allí se accedía a otro espacio y, finalmente, a la terraza superior, desde donde era posible controlar visualmente el entorno y el interior de la Villa.
Uno de los elementos más interesantes del conjunto es la escalera adosada a la muralla y tallada en la parte interior de la cerca. Gracias a ella se podía acceder a la planta superior de la torre y recorrer el sistema defensivo desde dentro.
La escalera parece corresponder a una fase posterior a la construcción original de la muralla. Ese detalle es importante porque muestra que estos espacios no permanecieron inmóviles: la muralla fue modificándose y adaptándose con el tiempo según las necesidades de cada época.
Este punto invita a mirar la defensa desde una escala más humana.
Aquí la muralla deja de ser una línea lejana y monumental para convertirse en un lugar recorrido, habitado y utilizado cada día.
Una infraestructura viva, transformada durante siglos.
Aunque esta torre pertenece al sistema defensivo, también habla de organización y control dentro de la Villa.
La vigilancia no se limitaba únicamente a protegerse de amenazas exteriores. Desde puntos como este se controlaban movimientos, accesos y conexiones entre distintos sectores del recinto amurallado y las zonas próximas al entorno señorial.
Muy cerca se situaban las Caballerizas y el Alcázar Palacio, espacios vinculados al funcionamiento cotidiano del poder local. La muralla, por tanto, no solo separaba dentro y fuera: también ayudaba a estructurar y ordenar la ciudad.
Este lugar recuerda que la arquitectura defensiva también formaba parte de la organización interna de la Villa.
Cerca de la torre se conserva un aljibe.
En una ciudad fortificada, almacenar agua era tan importante como levantar buenos muros.
Imaginad que sois quienes vigilaban la muralla hace siglos.
¿Por dónde subiríais? ¿Dónde os quedaríais para observar mejor? La muralla también se recorría por dentro..